La castaña junto al trigo fue la base de la alimentación de la población europea más humilde antes del descubrimiento de América, consumiéndolas frescas recién recolectadas, secas o molidas para hacer harina.
Con la llegada del maíz y la patata en el siglo XVI, la castaña perdió protagonismo en la alimentación rural y quedó relegada a fruto estacional.